ESCENA 1
(Escenario a oscuras se escucha un
susurro constante. Al prenderse la luz se ve a Bastián en un costado de
rodillas rezando compulsivamente. Reza el Pésame una y otra vez. Se oye un
llanto de bebé, Bastián reza más alto. Se oye otro llanto de bebé, Bastián reza
casi en desesperación.
Apagón, se enciende el otro sector del escenario donde hay una mesa y una sillar, se ve a Lucía sentada doblando ropa, se la ve triste. Dobla ropa de bebé. Entra Bastián, la saluda. Lucía deja de doblar y se pone tiesa.)
Apagón, se enciende el otro sector del escenario donde hay una mesa y una sillar, se ve a Lucía sentada doblando ropa, se la ve triste. Dobla ropa de bebé. Entra Bastián, la saluda. Lucía deja de doblar y se pone tiesa.)
LUCIA: (sin
mirarlo) ¿Es cierto lo que dicen? No intentes negármelo, es cierto. (lo mira) Si hasta el que atiende el
mercado lo sabe: Hoy el hijo de puta me cerró la cuenta diciéndome que no la
voy a necesitar más.
(Lo confronta, sin levantarse de su silla) Antes venían a MI casa a gritarme “¡PUTA!” ahora vienen a gritarme “¡FUERA!”. (Busca la mirada de Bastián que se mantiene gacha) ¡Mirame cuando te hablo! No pretendas esconderte de mí como intentabas esconderte de tu dios cuando nos revolcábamos.
¡Y a él qué le toca! (mostrándole una prenda de bebé. Bastián mira a otro lado) ¿La misma suerte que a mí? Ah, no; claro: ¡Tu bendito dios! Otra triste alma para su ejército; otra patética marioneta de cristo; otro más tocado por la MIERDA de la palomita santa (Bastián intenta irse, Lucía lo detiene) ¡No me des la espalda! ¡Gritá algo, vacilá, sufrí! (busca la mirada esquiva de Bastián) Te lo suplico, Bastián; basta un minuto de angustia, o de duda en tus ojos para salvarnos todos. (Bastián se va, Lucía lo sigue y no logra alcanzarlo. Le grita) ¡Bastián! (más para ella que para él) Tenés razón. Sos Bueno, sos justo. Y todo cae sobre mis espaldas para siempre.
(APAGÓN)
(Lo confronta, sin levantarse de su silla) Antes venían a MI casa a gritarme “¡PUTA!” ahora vienen a gritarme “¡FUERA!”. (Busca la mirada de Bastián que se mantiene gacha) ¡Mirame cuando te hablo! No pretendas esconderte de mí como intentabas esconderte de tu dios cuando nos revolcábamos.
¡Y a él qué le toca! (mostrándole una prenda de bebé. Bastián mira a otro lado) ¿La misma suerte que a mí? Ah, no; claro: ¡Tu bendito dios! Otra triste alma para su ejército; otra patética marioneta de cristo; otro más tocado por la MIERDA de la palomita santa (Bastián intenta irse, Lucía lo detiene) ¡No me des la espalda! ¡Gritá algo, vacilá, sufrí! (busca la mirada esquiva de Bastián) Te lo suplico, Bastián; basta un minuto de angustia, o de duda en tus ojos para salvarnos todos. (Bastián se va, Lucía lo sigue y no logra alcanzarlo. Le grita) ¡Bastián! (más para ella que para él) Tenés razón. Sos Bueno, sos justo. Y todo cae sobre mis espaldas para siempre.
(APAGÓN)
ESCENA 2
(Casi en el centro del escenario se
ver un altar con algunos elementos para misa. Tras él el Arzobispo lee de la
Biblia)
ARZOBISPO: “Y he hallado más amarga que la
muerte a la mujer cuyo corazón es lazos y redes, y sus manos ligaduras. El que
agrada a Dios escapará de ella, más el pecador quedará en ella preso.
He aquí que esto he hallado, dice el Predicador, pesando las cosas una por una para hallar la razón.
Lo que aun busca mi alma, y no lo encuentra:
Un hombre entre mil he hallado, pero mujer entre todos nunca hallé.
He aquí, solamente he hallado: Que Dios hiso al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones.” (Levanta en alto La Biblia) Esto es palabra de Dios.
(Con voz imponente) Todos los días veo esto: al insensato ser manipulado por las seductoras palabras de la maldad, la lujuria de sus promesas; ciertamente, no hay hombre que escape de las garras de la escultura creada por el demonio, esa figura que destruye a cuanto hombre caiga rendido ante sus besos paganos. Así es hijos míos, nos enfrentamos cotidianamente a las artimañas del demonio, quién iba a suponer que la creación surgida de las costillas de Adán sea la causante de tantas desgracias, pero Adán mismo cayó bajo sus influjos desobedeciendo a Dios en el Edén.
Hijos míos (imperante, casi como amenaza) les sugiero que recapaciten en estas palabras, y que luchen con vehemencia contra el embrujo y la seducción de la serpiente con forma humana, el hechizo de Jezabel, herramienta del demonio para pudrir nuestra humilde comunidad, porque (sentenciando) LO QUE NO ES DE DIOS… ¡ES DEL DEMONIO!
Es palabra del señor.
Podemos irnos en paz.
He aquí que esto he hallado, dice el Predicador, pesando las cosas una por una para hallar la razón.
Lo que aun busca mi alma, y no lo encuentra:
Un hombre entre mil he hallado, pero mujer entre todos nunca hallé.
He aquí, solamente he hallado: Que Dios hiso al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones.” (Levanta en alto La Biblia) Esto es palabra de Dios.
(Con voz imponente) Todos los días veo esto: al insensato ser manipulado por las seductoras palabras de la maldad, la lujuria de sus promesas; ciertamente, no hay hombre que escape de las garras de la escultura creada por el demonio, esa figura que destruye a cuanto hombre caiga rendido ante sus besos paganos. Así es hijos míos, nos enfrentamos cotidianamente a las artimañas del demonio, quién iba a suponer que la creación surgida de las costillas de Adán sea la causante de tantas desgracias, pero Adán mismo cayó bajo sus influjos desobedeciendo a Dios en el Edén.
Hijos míos (imperante, casi como amenaza) les sugiero que recapaciten en estas palabras, y que luchen con vehemencia contra el embrujo y la seducción de la serpiente con forma humana, el hechizo de Jezabel, herramienta del demonio para pudrir nuestra humilde comunidad, porque (sentenciando) LO QUE NO ES DE DIOS… ¡ES DEL DEMONIO!
Es palabra del señor.
Podemos irnos en paz.
(APAGÓN)
ESCENA 3
(Salen el Arzobispo y Bastián
conversando. Terminan de desarmar el altar)
ARZOBISPO: Como te decía, los de arriba están
buscando mi sucesor y el único nombre que di fue el tuyo, sos el más adecuado:
Siempre obedecés, hacés lo que se te pide sin reproches, agachás la cabeza,
como corresponde. (Bastián mantiene la
cabeza gacha y asiente) Pero… tu problemita, muchacho (Bastián levanta la mirada preocupado. El arzobispo lo calma)
Quedate tranquilo que está todo solucionado: después de mi sermón de hoy no va
a haber Jezabel en el pueblo que entorpezca tu camino (Bastián intenta hacer una pregunta es interrumpido).
Por…”aquello”… no te preocupes, las hermanas siempre están dispuestas a cobijar
un alma nueva. Cuidarla, educarla y guiarla hasta el seminario.
BASTIÁN: ¿Y qué tengo que hacer?
ARZOBISPO: Vos, nada, está todo arreglado. Por
lo pronto (lo toma por los hombros
mirándolo a la cara) andá a tu casa, pegate una ducha, relajate… (Amenazante) y empezá a despedirte.
(APAGÓN)
ESCENA 4
(Escenario dividido en dos. De un lado
Bastián se viste lentamente mientras reza. Del otro, Lucía sentada como en
trance, detrás suyo se ve una cuna.)
BASTIÁN: (murmurando,
se pone lentamente la sotana del Arzobispo) Pésame Dios mío y me arrepiento
de todo corazón de haberos ofendido… (Continua
vistiéndose, comienza a levantar la voz) Pésame por el infierno que merecí
y por el cielo que perdí, pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un
Dios tan grade y tan bueno como vos (comienza
a sonreír levemente y a hablar con la entonación del arzobispo), antes
querría haber muerto (sonríe cínicamente)
que haberos ofendido. (se adelanta
completamente vestido de Arzobispo y sonriendo de costado, complacido) Y
propongo firmemente (mira como hablando a
los feligreses) …NO…PECAR…MÁS.
LUCÍA: (se
levanta repentinamente y se acerca decidida a la cuna, toma una almohada y
comienza a ahogar al bebé. Cuando percibe que no se mueve más, acomoda la
almohada, lo tapa, dedica un rato a acariciarlo, contiene el llanto. Grita)
¡BASTIÁN! (se adelanta, grita nuevamente)
¡BASTIÁN! ¡He recobrado mi patria! ¡y la virginidad que me habías arrebatado!
¡Soy LUCÍA! ¡LUCÍA! ¡Al fin y para siempre!
(APAGÓN FINAL)
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